crónica de la misión montalvo
crónica de la misión montalvo
Después de unos días de vacaciones, fuimos enviados a continuar con la Misión, en esta ocasión el destino fue La Parroquia Montalvo y sus comunidades en el interior de la Selva, en la ribera del Rio Bobonaza, fui enviado con otro Seminarista, mi hermano Nixon Manya.
Era una Misión nueva para mí, puesto que no había compartido mucho en la zona Kichwa, de todas maneras, iba muy contento por conocer y aprender desde mi realidad de Seminarista, caminar con la comunidad y juntos poder ir descubriendo los signos de Dios en aquellas comunidades.
El día jueves 6 de enero, por la mañana nos dirigimos al aeropuerto en la Shell, junto al Padre Gustavo Sánchez, quien también ingresaría con nosotros para compartir los primeros días de Misión.

El día amaneció bien y el tiempo perfecto para sobrevolar la basta selva.
Después de seguir todos los requisitos para el viaje, salimos rumbo a Montalvo, y después de 45 minutos de vuelo en una avioneta con capacidad para cuatro personas, aterrizamos en la pista del Batallón, en el lugar nos estaban esperando los catequistas Milton y Áurea.
Luego nos llevaron hasta Boveras, que es una comunidad a 17 15 minutos en canoa, río arriba, al llegar nos instalamos, limpiamos la casa, preparamos y compartimos el almuerzo.
Por la tarde empezamos con la planificación y organización de las visitas aprovechando la Presencia del Sacerdote; los siguientes 4 días procuramos visitar la mayoría de comunidades especialmente las más lejanas río abajo, llegamos hasta Killualpa.
Al finalizar las visitas, el Padre Gustavo Regresó a Puyo.Llegó el momento de asumir como seminaristas el acompañar y trabajar junto a cada persona y cada familia de las comunidades, en otras palaras nos embarcamos en la aventura misionera.
Planificamos una reunión con los catequistas y nos pusimos a la disposición de ellos, quienes siempre estuvieron pendientes de nosotros y acompañándonos durante las comunidades.
Al inicio fue algo complicado encontrar a algunas familias, ya que muchas de ellas habían salido a la ciudad por tiempo de vacaciones, otras se habían ido a las fincas, las cuales se encontraban mucho más distantes en la selva; sin embargo, la misión seguía con los que estábamos presentes.
Las invitaciones no se hicieron esperar, cada familia quería que los visitáramos y que fuéramos a compartir con ellos, al llegar a cada reunión nos brindaban la Chicha de Yuca y cuando tenían algo de comida también compartían con nosotros.
Sentí mucho el cariño por los misioneros, las capillas cuando hacíamos las celebraciones siempre contaban con muchas personas muy colaboras y los catequistas muy comprometidos a pesar de cada realidad, siempre estaban pendientes de colaborar en las actividades misioneras que realizábamos
Visitamos Familias, escuelas y el colegio del sector, también participamos en mingas, por ejemplo, la minga que hicimos para reparar el puerto de Boveras, el mismo que estaba en muy mal estado, las personas muy gustosas colaboraron.
Cada caminata por las Trochas y caminos hicieron que ese ardor misionero se vaya haciendo realidad, a pesar del clima tropical de la selva, pudimos cumplir y llegar a cada comunidad para compartir la Palabra de Dios y acompañar a cada hermano o hermana que se nos presentaba delante de nosotros para buscar a Dios.
El mes pasó rápido, la última semana fue la más pesada, teníamos en nuestras manos la planificación de la Semana Misionera, habíamos organizado varias actividades y para estos últimos días contamos con la presencia del Padre Vinicio Molina, quien llego el día miércoles 2 de febrero, su llegada nos dio mucha alegría, el momento fue similar a la llegada de un miembro de la familia biológica a estar con nosotros, cada acontecimiento era signo del amor de Dios para esta Misión de Montalvo.
La Semana misionera estuvo caracterizada por la visita a las comunidades y la celebración de Sacramentos especialmente del Bautismo, penitencia y Eucaristía.
Visitamos todas las comunidades Pukayaku, Montalvo, Playas, Santo Tomás, Boveras, 18 Mankaurku, Murupishi, Shuwacocha, Teresa Mama y también compartimos la Eucaristía con los Militares en el Batallón.
El día sábado 5 de febrero realizamos la Convivencia Juvenil.
Hace varios días habíamos estado planificando una procesión con canoas por el río, llevando a Imagen de la Virgen del Carmen, todo salió como lo planificamos, varias personas acudieron a la procesión y fue muy reconfortante ver el ardor de fe en cada persona que participó, al llegar a Boveras, continuamos con la Eucaristía y luego la procesión con la Cruz Misionera que lo dejamos plantando como recuerdo de la Semana Misionera
Vocacional, en la que participaron 40 jóvenes de las diferentes comunidades, y que, a decir verdad, no esperábamos ese número de participantes, las expectativas de la convocatoria eran menores, el día domingo fue la Clausura de la Semana Misionera y también del mes de Misión.
El día lunes 7 de febrero, teníamos prevista la salida, pero amaneció lloviendo, así que las esperanzas de que la avioneta entre a por nosotros eran muy bajas, de todas maneras, esperamos todo el día en la pista, hasta las 5pm, cuando ya estábamos a punto de regresarnos y esperar al día siguiente, escuchamos que se venía una avioneta y precisamente era la que nos llevaría hasta la Shell.
Estoy agradecido con Dios por permitirme vivir esta experiencia, que fortalece mi vida vocacional y que me anima a despojarme de mí mismo para poder entrar y ser parte de esta realidad misionera permanente, tan necesitada de Misioneros, Sacerdotes y Consagrados que acompañen permanentemente a estas comunidades, una vez más fue como volver a la fuente y comprender con más profundidad que: La Misión es vida, y … lo que sigue ustedes ya lo saben.
