Doy gracias a Dios por la experiencia de misión que tuve en las comunidades de Pakayaku y Sarayaku, fueron de suma importancia para mi formación pastoral y espiritual. Con mi compañero Nixón rezábamos laudes y vísperas acompañado de las lecturas del día.

Las actividades que realice en Pakayaku fueron la visita de hogares en los cuales conocía la historia de vida de muchas personas, mientras tomábamos la chichita les daba a conocer un poco de la misión y como Dios puede ayudarles en su vida.
También, en Pakayaku daba clases de valores en el colegio de como tienen que afrontar la vida y como llevar un proyecto de vida.
Además, de acompañar a la infancia misionera y participar de las reuniones de la comunidad.
En la comunidad de Sarayaku la dinámica fue diferente, dado que los estudiantes estaban en exámenes. En las mañanas realicé trabajos en la casa y por la tarde participé de las asambleas cristianas en las comunidades y barrios.

Además, decidimos realizar una convivencia vocacional, tuvimos la participación de 32 jóvenes, se dio temas de formación moral y se invitó a que se arriesguen a seguir a Cristo, luego realizaron un pequeño taller que posteriormente lo expondrían y terminamos con el almuerzo.
Cabe recalcar que en las tardes compartíamos el deporte con los jóvenes, ayudábamos en la catequesis, participé de la formación política, de las mingas, la oración junto a las hermanas y vivir un retiro espiritual mensual.
Dentro, de mi pastoral, como aspectos positivos son que las dos comunidades tienen Eucaristía una vez al mes y están atendidos por las Hermanas Corredentoras, un aspecto negativo es que la juventud está consumiendo mucho alcohol y droga, como consecuencia de ello hay mucho maltrato a la mujer.
