El 11 de febrero me incorporé a la pastoral en la catedral de Puyo, este tiempo un tanto diferente en cuanto a actividades que los años anteriores, por el mismo hecho de que no solo tenía que hacer la pastoral, tuve también que trabajar y estudiar.

Después de hablar con el Obispo y una vez enterado que el trabajo que tenía que hacer era ayudar a pintar la fachada del asilo de ancianos, el martes junto a la hna. Mónica Q. sacamos unas tilapias de una pecera hecha en los meses de confinamiento a raíz de la pandemia.

El primer día de trabajo inicié haciendo lo que me gusta, ayudé a soldar ya que también estaban poniendo una estructura para colocar techo sobre la loza en la entrada del asilo y así evitar la filtración de agua y la humedad. Los siguientes días entre el asilo, la capilla de Plaza Aray y la nueva capilla de San Jacinto mi función era ayudar al maestro que estaba encargado de pintar por lo que pasé rasqueteando y lijando las paredes, en ocasiones -cuando llovía- también pintaba, todo esto hasta el medio día ya que en la tarde tenía clases.

Después de una ducha relajante y el almuerzo, de lunes a viernes me preparaba para cumplir también con los estudios, tenía por delante el curso de latín que por ser una lengua que ya no se utiliza y por el cansancio del trabajo de la mañana ciertamente se me hacía pesado, con un poquito de esfuerzo y aprovechando el poco tiempo que me quedaba para realizar los trabajos, más que todo la noche, aprobé satisfactoriamente este curso.

Los fines de semana que me quedaban libres realizaba mi trabajo pastoral principalmente en la catedral, aunque también ayudé en otras parroquias con la celebración de la palabra y con la charla pre bautismal, el domingo estaba en la eucaristía -en una de ellas me toco hacer la reflexión- y en la tarde acompañaba al Obispo a la celebración de la eucaristía que se trasmite por SonoVisión.

Rescato de este tiempo el poder una vez más ser consciente del esfuerzo que se realiza en los hogares para poder conseguir el sustento diario, la exigencia de trabajar al día y también en todo este tiempo que pude participar de la eucaristía como feligrés desde las naves de la Iglesia, me sirvió para entender y sentirme verdaderamente parte nuevamente, de este pueblo peregrino que a pesar del cansancio por todo el esfuerzo que el día trae consigo acude fervoroso al encuentro con el Dios vivo, a alimentarse de Dios, desde esa participación activa en la celebración eucarística.

Entre trabajo, estudio y pastoral
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