Durante el mes destinado a la misión por parte de nuestro seminario y obispos, pude compartir de cerca con mi Vicariato y la realidad misionera que este enfrenta.
Durante el mes de enero, Mons. Celmo me destino a comenzar un proceso de misión para ingresar a la Unidad de Pastoral Indígena, misma que comprende mas de 100 comunidades indígenas entre las nacionalidades kichwa, shuar y cofán.

Al contactarme con P. Walter Kisiwa, párroco de la Parroquia Particular Nuestra Señora de Guadalupe, se alegro mucho de ver un acercamiento de parte mía a esta realidad, ya que consideraba muy importante la presencia de los misioneros propios en esta periferia. Me supo manifestar que de acuerdo a la planificación diocesana que llevan, el mes de enero por lo general lo dejan solo y sin tanta actividad pastoral, ya que su comunidad realiza la asamblea en Bogotá y eso haría que se ausente, sin embargo, me dijo que a mediados del mes o finales regresaría para visitar algunas comunidades.
También el Padre me comento de un curso que se hace en el V.A. de Aguarico llamado “Semana de Lengua y cultura” y me dijo que participe de la misma ya que me ayudaría mucho a comprender sobre la realidad y cosmovisión indígena y con gusto participe. La S.L.C fue una formación muy buena, en lo personal siento que me ayudo a comprender y asimilar ciertas cosas que en los ritos colonos varían. Tristemente no logramos culminar la formación porque el día viernes teníamos la asamblea diocesana de nuestro vicariato y como establece el reglamento de la misma nuestra participación es obligatoria.

Dentro de la asamblea conocimos más sobre el rumbo que la Iglesia de Sucumbíos se dispone a recorrer este año y aunque fue virtual logramos compartir con algunos agentes de pastoral, misioneros y entres otros.
Logre participar también de la escuela de lideres juveniles y ayude con curso de bautizo en mi parroquia “Nuestra Señora del Cisne” durante el tiempo que el Padre estaba en sus diligencias. También me reuní con muchas comunidades cristianas de la parroquia, las cuales querían escuchar mi experiencia en el seminario y que quizá eso pudiese motivar a muchos más jóvenes a decir un sí valiente.
También participe de una fraternidad que tuvo el clero diocesano junto a los religiosos en Shushufindi, en donde me sentí como un hermano más, pues la fraternidad jugaba un papel muy importante y eso me ayudo a ver que mi Vicariato tiene muchas posibilidades de encuentro y unión.
Cuando retorno Padre Walter, pude ingresar a varias comunidades indígenas, entre las que puedo recordar Akiwari, Pachakuti, San José y Pullupungo, sin duda fueron más, pero sus nombres no recuerdo con claridad. Pude compartir como para ellos cada cosa dentro de la liturgia tiene un sentido quizá más valorado que en la población colona.
Finalmente mi misión culminó con el miércoles de ceniza, donde ayude a colocar la ceniza en la Catedral, ya que no habían muchos ministros y la feligresía era abundante.
Doy gracias a Dios por estas misiones tan enriquecedoras, entre las cuales destaco las siguientes cosas:
- Conocer un poco más sobre las comunidades y pueblos aborígenes que en mi Vicariato habitan y lo enriquecen.
- Permitirme conocer también como la Iglesia de Sucumbíos se propone enfrentar los desafíos de la sociedad actual desde una Asamblea Diocesana que busca dar respuesta.
- Compartir con misioneros, llenarme de tantos ejemplos y vigores misioneros, enamorados de la misión y que sin duda lo dejarían todo para seguirlo una y mil veces.

Conocer la variedad de carismas que en mi Iglesia existen, y valorar cada uno de ellos, es impresionante ver como Dios habla a los pueblos en su lengua y como toca todos los corazones de distintas formas.
